Maestro!!!
"Traje al mejor técnico uruguayo", había dicho Damiani.
Y Oscar Tabárez le dió la razón. De la mano del Maestro,
volvió la Libertadores.

El plantel había alcanzado una renovación total. Con un técnico nuevo -Oscar Washington Tabárez- y un plantel jóven, hambriento de gloria: Eduardo Pereira, Jorge Miguel Goncálves, Obdulio Eduardo Trasante, José Herrera, José Batlle Perdomo, Alfonso Enrique Domínguez, Daniel Alejandro Vidal, Juan Carlos Paz, Diego Aguirre, Eduardo Da Silva, Daniel Gregorio Rodríguez, Oscar Julio Ferro, Gustavo Cristian Matosas, Miguel Santos, Ricardo Viera, Jorge Daniel Cabrera, Marcelo Gustavo Rotti, Jorge Milton Villar, Fabián Costelo, Luis Carlos Sánchez, Alvaro Izquierdo, Robert Siboldi, Walter Leonardo Hernández, Walter Cavallero y Sergio Daniel Píriz. El Promedio de edad era de 22 años y medio.

Trasante, un ejemplo

Una muestra de la ambición y el sacrificio de ese equipo fue Obdulio Trasante. Además de jugar en Peñarol, tenía otro trabajo para sobrevivir: todos los días debía presentarse a las 7 de la mañana a tomar servicio en la conserjería del banco Pan de Azúcar de Montevideo. Si hubiera actuado en un medio más poderoso económicamente, no habría necesitado un trabajo extra para complementar sus ingresos.
El zaguero había llegado de Peñarol de Juan Lacaze, uno de los tantos Peñarolenses que el influjo de su popularidad desparramó por el territorio uruguayo, para enrolarse en Central Español. Ganó el ascenso de 1983, el Campeonato de 1984 y pasó a Peñarol de Montevideo en 1985. "Conmigo van a ganar todo", le repetía a sus compañeros. Y ellos le creían y lo seguían. Por su condición de caudillo. Porque asimilaron su fibra combativa, su fiereza y su determinación para jugarse en cada salto, en cada cruce, en cada choque...
Y por eso fueron al frente: porque el Loco Trasante los empujaba desde el fondo.

Una nueva Copa

Debutó el 5 de mayo, en el Centenario, con una victoria 3-2 ante Progreso, con goles de Diego Aguirre, José "Pepe" Herrera y Viera. El camino a la victoria siguió con la serie en Perú. Allí en el estadio La Victoria de Lima derrotó al Alianza de Lima con un gol de Juan Carlos Paz, el 20 de mayo (1-0). Y en el estadio Nacional, empató 1-1 con el San Agustín, dos días más tarde, con un tanto del mismo jugador.
Igualó por el mismo marcador ante Progreso (26/5: gol de Herrera) en el inicio de las revanchas. En el Centenario le ganó 2-0 al Alianza Lima (2 de junio, Gustavo Matosas y José Herrera) y al San Agustín (9 de junio, José Herrera y Viera).
Por el sistema de juego (clasificaba el primero de cada grupo) pasó directamente a semifinales. Allí los esperaban Independiente y River, campeón de la edición anterior. Por el grupo semifinal B los recibió primero en el Centenario. El 2 de setiembre, con tantos de Aguirre, Cabrera y Viera, goleó a los rojos por 3 a 0. Y el 16 igualó con River 0-0.
Pero fue en los partidos de vuelta donde Peñarol mostró su grandeza. El 30 de setiembre, en Avellaneda, el equipo de José Omar Pastoriza -comandado por Claudio Marangoni, Ricardo Giusti y Ricardo Enrique Bochini y apoyado por 50 mil hinchas que habían llenado el estadio de la doble visera- debía ganar o ganar.

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